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Tres Estilos de Comportamiento en el Liderazgo: Claves para el Desarrollo Personal y Organizacional

En las organizaciones, como en la sociedad, nos relacionamos, negociamos, coordinamos, o gestionamos con personas que pueden pensar y accionar similar a nosotros, o, por el contrario, que no entendemos cómo, por qué, ni para qué hacen lo que hacen.


En mi experiencia, y desde una mirada integral, encontré útil clasificar estas actitudes y comportamientos en 3 perfiles, cada uno de ellos asociado a distintos niveles de comprensión y perspectiva sobre uno mismo, los otros y el entorno laboral.


Estos 3 perfiles los llamamos:


1) El condicionado reactivo: Estas personas se mueven y se relacionan en función de sus propios objetivos y metas. Están muy orientados a sus propios resultados, y evitan que se cuestione su comportamiento o sus acciones, o  el impacto que estas tienen en su entorno. Suelen ser personas muy astutas, estratégicas, y con tendencia a tener todo bajo control. Cuando los resultados no son los buscados, encuentran razones en el afuera (fue el otro departamento, fue el cliente, fue el jefe, fue la competencia). Estas personas tienen un comportamiento condicionado por su necesidad de defender su posición, y priorizan sus objetivos personales más que los del grupo. Cuando se las cuestiona, pueden irritarse o sentirse atacadas personalmente.


2) El buscador inquieto: Son personas que tienen una conciencia más de grupo, de “nosotros”. Saben que para avanzar y alcanzar el éxito no basta con centrarse en sí mismos. Se cuestionan, buscan crecer como persona y como profesional y reciben con apertura feedback e incluso son capaces de solicitarlo. Por momentos puede saltarse al nivel 1 con patrones reactivos automáticos, que inmediatamente buscan reparar, pues son autorreflexivos. Tienen un mindset de liderazgo, y son conscientes del trabajo interno que deben realizar. Es donde la gran mayoría de las personas se encuentran o inician su crecimiento como líderes.


3) El líder sabio: Son aquellas personas que lograron encontrar su poder no como un lugar a llegar, sino más bien como un estado del ser. Se los puede identificar por su nivel de confianza en sí mismos, y sobre todo en el proceso. Enfrentan las situaciones con estoicismo, y guían a otros. Suelen ser personas con experiencia, pueden mostrar su vulnerabilidad. Tienen una clara comprensión del entorno, y se centran más en las personas, en el proceso, que en lograr resultados.


Comprender la existencia de estos tres perfiles nos permite no solo reconocer en qué punto nos encontramos en nuestro desarrollo personal y profesional, sino también utilizar esta clasificación como una herramienta práctica para fomentar nuestro crecimiento como líderes y mejorar nuestra interacción con el entorno, promoviendo una mayor empatía y colaboración en el ámbito laboral.


 
 
 

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