Más allá de la productividad: el poder de la pausa en tiempos de sobreexigencia
- Carla Rios

- 26 jun 2025
- 3 Min. de lectura

Estamos desbordados. La guerra, la política, la economía, el mercado, el clima, el trabajo, el jefe, la salud, las ventas, la familia. La vida misma nos desafía por todas partes. En este mundo caótico parece un acto de irresponsabilidad detenerse un momento y simplemente respirar.
Las pausas que intentamos hacer las llenamos de más ruido: redes sociales, listas de pendientes, correos acumulados, notificaciones, o las últimas noticias. Buscamos alivio y encontramos más estímulos. Más tensión. Más fatiga. La pregunta, entonces, ya no es cómo ser más productivos, sino: ¿cómo frenar un momento entre tantos compromisos? ¿cómo hacer una pausa legítima para luego continuar?
En las últimas décadas, hemos leído un sinfín de libros de management y de historias de grandes empresarios con rutinas y filosofías que parecen haber llevado al éxito no solo en lo empresarial, sino también en lo personal. Procuramos entonces imitarlos, tomar de ellos lo que nos hace sentido para incorporarlo, y lo que hacemos, entonces, es agregar más actividades a un cuerpo y mente agotados.
Y buscando información científica que complementara esta reflexión me encontré con el post del Doctor Siddhant Bhargava, quien dijo que “Una rutina perfecta no salva a un sistema nervioso disfuncional”. En otras palabras, no es la falta de hábitos o de la consistencia en ciertos ejercicios, sino que intentamos mejorar desde un estado alterado del sistema nervioso.
Según la American Psychological Association, el 75% de los adultos reportan síntomas de estrés como fatiga, insomnio o dolores frecuentes. Según una revisión neurofisiológica publicada en PubMed Central, el burnout clínico, es decir, casos severos está asociado a alteraciones estructurales y funcionales claras en los circuitos neuronales de regulación del estrés.
Y cuando vivimos en un estado de hiperalerta permanente, nuestra fisiología interpreta que estamos en peligro constante. Aun cuando hacemos "cosas saludables", el cuerpo no las procesa como tales.
La pausa como estrategia
Frente a esta situación, necesitamos entender que la pausa es una práctica estratégica de autorregulación. Si el cuerpo no se siente seguro (estado de hiperalerta), la mente no puede pensar con claridad. Y si el líder no se regula, el equipo tampoco lo hará.
Las recomendaciones del Dr. Bhargava son prácticas simples:
Reemplazar rutinas intensas por caminatas, estiramientos, respiración controlada.
Apagar los estímulos: diez minutos de silencio real pueden ser más restauradores que un podcast de productividad.
Incorporar "micro-pausas" en el entorno laboral: entre reuniones, después de una llamada difícil, antes de una toma de decisión clave.
En lo personal, algo que me ha resultado especialmente útil en momentos de alto estrés es caminar descalza sobre el césped y detenerme a observar paisajes con árboles. Tiene un impacto real y medible, pues estudios de Frontiers in Psychology (2015) demuestran cómo breves exposiciones a paisajes naturales, con vegetación densa y tonalidades verdes, reducen los niveles de cortisol y promueve un estado de relajación.
Por eso, podemos decir con base científica que estas pausas son restauradoras y promueven una mejora en el juicio, en el pensamiento crítico, y permiten sostener el rendimiento sin comprometer la salud.
Conclusión: hacer menos para rendir más
Tal vez hoy no se trata de hacer más, sino detenerse para elegir mejor. No se trata de debilidad, sino de inteligencia fisiológica y emocional.
Porque si queremos liderar con claridad, tomar decisiones sabias y sostener equipos resilientes, necesitamos empezar por recuperar el cuerpo como aliado del desempeño.
Y eso empieza, simplemente, por respirar conscientemente.




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