El pensamiento crítico. Un puente intergeneracional para la gestión
- Carla Rios

- 5 may 2025
- 3 Min. de lectura

Uno de los temas más relevantes en las conversaciones actuales —junto con la incertidumbre político-económica y el avance de la IA— es la gestión del talento de la Generación Z. Su creciente presencia dentro de las organizaciones interpela los modelos tradicionales de liderazgo y management. Cuestiona las prácticas establecidas e impulsa cambios profundos en la cultura organizacional, en un contexto de por sí complejo e incierto, caracterizado —además— por una cultura que promueve lo superficial, la inmediatez y la velocidad.
De este modo, nos encontramos con líderes que declaran no comprender a esta generación, que no logran conectar, o que se quejan de sus “exigencias”. Por otro lado, nuevos talentos llegan con demandas inéditas: inclusión, impacto, flexibilidad, tecnología y agilidad en todo lo que hacen, en un ambiente además donde puedan sentirse que fluyen.
Esta dicotomía, pareciera no encontrar un punto medio que los conecte. Sin embargo, el pensamiento crítico, puede ser ese nexo intergeneracional.
¿Qué es el pensamiento Crítico?
Según “The Foundation for Critical Thinking”, mucho de lo que pensamos es arbitrario, distorsionado, parcial, desinformado o con prejuicio. Y desde la calidad de esos pensamientos producimos, logramos, o construimos. Esto incluye las decisiones que tomamos diariamente en el entorno laboral.
El pensamiento crítico es un método que —con ciertos estándares— mejora la calidad de lo que pensamos.
¿Cómo el pensamiento crítico puede ser ese nexo intergeneracional en la gestión de colaboradores?
Desde 2 aproximaciones. En la primera, el pensador crítico tiene características similares a las de un líder, tales como un propósito, piensa con mente abierta, se comunica efectivamente, formula preguntas vitales con claridad, entre otras.
Así, un líder que tiene a cargo colaboradores de la generación Z desarrolla en sí mismo y promueve en su equipo este pensamiento crítico. No solamente como método para abordar problemas cotidianos, sino también para facilitar la innovación. El pensamiento crítico se convierte así, en parte de la cultura de la organización.
Desde otra perspectiva, el pensamiento crítico tiene características* opuestas a ciertos hábitos o patrones que sabotean el desarrollo de un líder o un equipo:
Humildad intelectual vs. arrogancia: Cuestionar las propias creencias y “verdades”, evita la arrogancia. Esto no significa sumisión, o pérdida de poder, hace a la persona relevante en su área. Reconocer que las nuevas generaciones pueden tener soluciones frescas es el primer paso para crear puentes de confianza y colaboración genuina, así como reconocer que el expertise contribuye a la solución de un problema.
Empatía intelectual vs. rigidez: Comprender cómo piensa y siente el otro —aunque no compartamos su mirada— es una habilidad estratégica. Esta empatía reduce el estrés y mejora la coordinación en los equipos
Perseverancia intelectual vs. pereza: Para la Generación Z, acostumbrada a micro‑contenidos, feedback instantáneo, y mensajes ultra cortos, a través de tecnología, cultivar el pensamiento crítico puede ser un desafío, pues exige detenerse, profundizar y contrastar. Los líderes que promueven esta práctica elevan la calidad de las decisiones y el impacto colectivo.
Así, promover el pensamiento crítico es imperante en el actual contexto, ya que alivia las tensiones que traen tanto líderes como colaboradores de las nuevas generaciones. Por otra parte, conectar el pensamiento crítico al propósito organizacional, como parte de la estrategia, puede mejorar la sostenibilidad, innovación y hasta la fidelización de los clientes.
A través del pensamiento crítico se logra un puente intergeneracional en el que se comprende y valida al otro, en pro de generar resultados de calidad para la organización. El resultado será entonces un equipo cohesionado, resiliente y orientado a resultados de calidad.
(*) Fuente: The Foundation for Critical Thinking




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