El futuro exige algo más que experiencia: exige evolución.
- Carla Rios

- 13 may 2025
- 2 Min. de lectura

Esta es la historia. Un niño llega a una nueva escuela. Todo cambia: el espacio, las reglas, los rostros, los ritmos. En muy poco tiempo, su cerebro decide si el entorno es seguro o una amenaza. Y a partir de ahí, actúa, siente y decide.
Ahora invirtamos la mirada. El maestro, con 20 años de hacer lo mismo, recibe a ese niño que no encaja, que rompe su orden. Y en lugar de cuestionar sus métodos, aplica las mismas estrategias de siempre, esperando que el niño y sus padres se acomoden al sistema, no al revés.
Y sumemos otra capa: los padres. Vienen de otra escuela, con otra lógica, y exigen ser escuchados como si todo funcionara igual. Pretenden una dinámica similar en el nuevo ecosistema. Todos quieren tener la razón. Nadie quiere ceder. Resultado: conflicto, malentendidos, susceptibilidades.
El problema no es el niño, ni el maestro, ni los padres. El problema es la resistencia al cambio y la incomodidad de ser cuestionado.
Esto mismo pasa en las empresas. Un líder nuevo que entra a una cultura prestablecida, colaboradores que siguen haciendo lo de siempre, sin cuestionar nada. Recursos Humanos que sabe que hay formas mejores, más actuales, y un jefe que es "maestro", y decide él. Mismo patrón, distinto escenario.
¿Resultado? Lo mismo: conflictos, tensiones, parálisis.
¿Por qué? Porque seguimos usando estrategias viejas en contextos nuevos. Hoy vivimos en un mundo que nos empuja en una dirección que aún no conocemos. Resistirse es terquedad. Pretender usar las mismas estrategias de antes, también lo es. Parece que preferimos certezas cómodas a verdades incómodas. Y como adaptarse es incómodo, preferimos justificar que transformar(nos).
Entonces, no se trata solo de cultura o estrategia. La cultura es estrategia.
Y en este contexto, las organizaciones tienen que asumir un rol que antes era de la familia o la escuela, preparando a las personas. ¿Es justo? No importa. Es urgente. Adaptabilidad, contención, propósito, confianza: esas son las competencias críticas en un mundo BANI.
Y si queremos una sociedad con personas resilientes, empáticas, con confianza en sí mismas y en el futuro, tenemos que formar líderes, equipos y organizaciones que no se aferren al control, sino que abracen el cambio. Cambiar no es opcional. Khalil Gibran lo definió de forma magistral cuando escribió: “Detenerse es cobardía. Quedarse para siempre contemplando la Ciudad del Pasado es locura. Mira, la Ciudad del Futuro está ya a la vista… invitándonos”.




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